22 Mar Conflicto de drogas en Colombia: Desentrañando las relaciones entre el ELN y los carteles mexicanos
Por,
William Acosta, SME, MSI2
Jesús Daniel Romero, Senior Fellow, MSI2
Este informe analiza los recientes comentarios del presidente colombiano Gustavo Petro sobre la relación entre el Cartel de Sinaloa y el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Evalúa las implicaciones de estas declaraciones sobre la dinámica operacional del tráfico de drogas en Colombia, la autonomía de los grupos armados locales y los desafíos que enfrentan los carteles extranjeros, particularmente los mexicanos. Los hallazgos sugieren que, aunque existen alianzas, las organizaciones colombianas mantienen una autonomía significativa, complicando la narrativa de subordinación planteada por el presidente Petro. Además, hay preocupaciones de que las afirmaciones del presidente Petro puedan servir como una estrategia para desviar la culpa de las deficiencias de su política de “Paz Total”, que ha enfrentado críticas significativas.
Introducción
A principios de febrero, el presidente Gustavo Petro hizo graves acusaciones contra el ELN, sugiriendo que este grupo guerrillero opera bajo las órdenes del Cartel de Sinaloa y le suministra cocaína. En un discurso en la Universidad Industrial de Santander (UIS) en Bucaramanga, Petro afirmó que el Cartel de Sinaloa es el “jefe actual” del ELN, implicando una conexión profunda entre las actividades guerrilleras y el tráfico de drogas. Esta afirmación se produce en medio de una escalada de violencia en regiones como Catatumbo, donde el ELN ha intensificado su ofensiva contra los disidentes de las FARC. Este informe busca evaluar críticamente estas afirmaciones y las realidades del paisaje del tráfico de drogas en Colombia.
Hallazgos clave
Los comentarios del presidente Gustavo Petro indican un posible malentendido de las dinámicas operacionales entre el Cartel de Sinaloa y el ELN. La afirmación carece de evidencia sustantiva y pasa por alto el contexto histórico de la autonomía del ELN. Según el presidente Petro, el ELN opera bajo el control del Cartel de Sinaloa, sugiriendo que sus líderes son ahora traficantes de drogas mexicanos que compran cocaína producida en Colombia. Petro indicó que el cartel financia y coordina las actividades del ELN, estableciendo un vínculo que implica un intercambio de cocaína por armamento especializado.
Petro enfatizó la necesidad de la educación como medio para prevenir que los jóvenes se involucren en actividades violentas y criminales influenciadas por carteles extranjeros. Este enfoque podría servir como una estrategia a largo plazo para socavar los esfuerzos de reclutamiento de grupos armados en regiones como Catatumbo. El reciente aumento de la violencia resultante de la ofensiva del ELN ha desplazado a más de 54,000 personas, destacando la urgente necesidad de una resolución efectiva de conflictos y asistencia humanitaria en la región. Los informes indican que las acciones del ELN han resultado en la muerte de decenas de civiles, exacerbando la crisis humanitaria.
Además del Cartel de Sinaloa, el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) también está presente en Colombia, complicando aún más la situación de seguridad. Ambos carteles colaboran con Grupos Armados Organizados (GAO) en la producción y distribución de cocaína. Un informe de inteligencia del Ejército Nacional reveló que al menos 80 guerrilleros del ELN, incluidos menores, han cruzado a Venezuela para fortalecer sus operaciones en Catatumbo. Este movimiento indica una intensificación de la actividad guerrillera en la zona fronteriza, que se ha convertido en un foco de inestabilidad.
Factores geográficos y sociopolíticos dificultan que los carteles mexicanos establezcan bases permanentes en Colombia, necesitando asociaciones con grupos locales para operar de manera efectiva. Las organizaciones criminales colombianas han colaborado con éxito con carteles mexicanos mientras mantienen el control territorial. Esta dinámica sugiere una asociación equilibrada en lugar de una relación subordinada. Las asociaciones con actores armados locales, incluidos el ELN, AGC y disidentes de las FARC, permiten a los carteles mexicanos asegurar rutas de tráfico de cocaína hacia puertos del Caribe, facilitando las exportaciones hacia América del Norte y Europa.
A medida que los carteles mexicanos obtienen acceso a la producción de cocaína, los grupos colombianos mantienen el control territorial, operando de acuerdo con sus intereses y preservando su autonomía. A pesar del poder financiero de los carteles mexicanos, su capacidad para operar de manera independiente en Colombia está significativamente limitada por el entorno hostil. Petro enfatizó la importancia de la educación para prevenir el reclutamiento de jóvenes por parte de grupos armados ilegales. Señaló que estos grupos están reclutando cada vez más jóvenes para llevar a cabo actos violentos, presentando una amenaza significativa para el futuro del país.

Estructura y operaciones del ELN
El ELN opera principalmente en Catatumbo (Norte de Santander), Arauca, Sur de Bolívar, Antioquia (región del Bajo Cauca), Cauca, Chocó y Nariño, con presencia ocasional en Boyacá, Casanare y el sur de Cesar. El grupo también tiene presencia en las seis principales ciudades de Colombia: Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga y Cúcuta.
El Comando Central (COCE) se compone de cinco comandantes responsables de la dirección del ELN, trabajo político, área militar, liderazgo del estado mayor nacional, representación y temas internacionales, así como asuntos financieros y vínculos con frentes militares. Manuel Pérez Martínez, alias “El Cura Pérez”, lideró el COCE desde 1973 hasta su muerte en 1998. Nicolás Rodríguez Bautista, alias “Gabino”, asumió después de Pérez y reestructuró el Comando Central. La composición actual del COCE incluye a Eliécer Chamorro Acosta, alias “Antonio García”, como Comandante en Jefe; Israel Ramírez Pineda, alias “Pablo Beltrán”, como Líder Político; Rafael Sierra Granados, alias “Ramiro Vargas”, responsable de relaciones internacionales; Gustavo Aníbal Giraldo Quinchía, alias “Pablito”, gestionando comunicaciones y tráfico de drogas a lo largo de la frontera con Venezuela; y Jaime Galvis Rivera, alias “Ariel” o “Lorenzo Alcantuz”.
Los exmiembros del COCE incluyen a Nicolás Rodríguez Bautista, alias “Gabino”, quien renunció en 2021 por problemas de salud; Pedro Cañas Serrano, alias “Óscar Santos”, quien está fallecido; Carlos Arturo Velandia, alias “Felipe Torres”, quien fue capturado en 1994; y Gerardo Bermúdez, alias “Francisco Galán”, también capturado en 1994. La Dirección Nacional (DINAL) fue establecida en 1982 con tres miembros de frentes existentes y se expandió a nueve miembros en 1983, incluidos frentes de guerra, la Comisión Nacional de Finanzas, el Estado Mayor Nacional y la Comisión Nacional de Logística. Su líder, alias “Gallero”, fue asesinado por las autoridades en 2020.
El ELN tiene siete frentes militares y un Frente Urbano Nacional, subdividido en 29 frentes rurales y 22 compañías móviles. Los frentes rurales están organizados en columnas, compañías, destacamentos, escuadras y tríadas. Las milicias populares operan de manera descentralizada, llevando a cabo tareas logísticas. El gobierno colombiano ha informado sobre la presencia del ELN en Venezuela, respaldado por investigaciones que indican vínculos y operaciones en ese país.
Factores subyacentes que influyen en las dinámicas
El legado de violencia y conflicto armado en Colombia ha arraigado actividades ilícitas en la sociedad. La disolución de las FARC en 2016 creó un vacío de poder que fue llenado por grupos como el ELN. El lucrativo comercio de cocaína incentiva tanto a actores locales como extranjeros, mientras que altos niveles de pobreza y desempleo facilitan el reclutamiento para grupos armados. La producción de cocaína y coca tiene una correlación directa con la muerte, complicando aún más el panorama socioeconómico.
Las políticas antidrogas de EE. UU. destinadas a la erradicación a menudo conducen a un aumento de la violencia y el desplazamiento, afectando el paisaje operativo tanto para grupos colombianos como mexicanos. Los grupos armados pueden recibir apoyo de comunidades locales, complicando los esfuerzos para combatir su influencia. Los incentivos económicos impulsan el reclutamiento de jóvenes en estas organizaciones. La corrupción y el débil gobierno obstaculizan la aplicación efectiva de la ley, permitiendo que las organizaciones criminales prosperen. Las limitaciones en el sistema judicial también afectan los esfuerzos de enjuiciamiento.
La demanda global de cocaína alimenta el papel crítico de Colombia en el comercio de drogas, necesitando colaboración a través de fronteras para abordar el crimen organizado. Las estrategias de contrainsurgencia del gobierno colombiano pueden llevar a una escalada de la violencia, arraigando aún más a los grupos armados en las comunidades locales.
Involucramiento del Cartel de los Soles y el régimen de Nicolás Maduro con el ELN
El involucramiento del Cartel de los Soles y el régimen de Nicolás Maduro con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) representa un aspecto significativo de las dinámicas geopolíticas y de seguridad actuales en Colombia y Venezuela. Esta colaboración destaca las interconexiones entre el poder del estado, el crimen organizado y la guerra de guerrillas en la región.
El Cartel de los Soles se refiere a un grupo de altos funcionarios militares venezolanos y líderes gubernamentales supuestamente involucrados en el tráfico de drogas. Este grupo ha establecido una alianza estratégica con el ELN y los carteles mexicanos. Esta asociación ha evolucionado a lo largo de los años y se caracteriza por beneficios mutuos que facilitan operaciones a nivel mundial.
Se informa que el Cartel de los Soles colabora con el ELN para controlar rutas de tráfico de drogas, particularmente en regiones fronterizas con Colombia. Esta asociación permite al ELN acceder a recursos y protección, mientras que permite a los funcionarios venezolanos beneficiarse del lucrativo comercio de cocaína. El régimen de Nicolás Maduro ha proporcionado al ELN apoyo político y militar, considerando al grupo como un aliado útil para mantener el control sobre áreas que de otro modo podrían ser influenciadas por las fuerzas estatales colombianas. Este apoyo incluye facilitar las operaciones del ELN en Venezuela y proteger a sus miembros de la extradición a Colombia.
Tanto el ELN como el régimen de Maduro comparten objetivos comunes en términos de resistir la influencia de EE. UU. en la región. Se han posicionado como opositores a las políticas estadounidenses, que consideran imperialistas, fomentando así un sentido de solidaridad en su lucha contra amenazas externas percibidas. El ELN ha establecido una presencia operativa significativa en Venezuela, donde ha podido reclutar combatientes, capacitar miembros y coordinar actividades de tráfico de drogas con el Cartel de los Soles. Esta base operativa ha permitido al grupo expandir su influencia más allá de las fronteras colombianas.
La colaboración entre el ELN y el régimen de Maduro ha exacerbado la crisis humanitaria en la región. El aumento de la violencia, el desplazamiento y las actividades criminales han afectado a las poblaciones locales, particularmente en áreas fronterizas donde operan ambas entidades. La relación entre el Cartel de los Soles, el ELN y el régimen de Maduro ha generado preocupaciones entre los observadores internacionales sobre la estabilidad de la región. La participación de actores estatales en el tráfico de drogas y la guerra de guerrillas complica los esfuerzos para abordar estos problemas a través de medios diplomáticos y militares tradicionales.
Cambiando la narrativa: Por qué el presidente Petro quiere redirigir la atención
El ELN se está expandiendo bajo su vigilancia. Desde que Petro asumió el cargo, el ELN ha ganado fuerza, tomando control de territorios estratégicos en Colombia, Venezuela y Ecuador. Las conversaciones de paz de su gobierno con el ELN han conducido a treguas que permiten efectivamente al grupo reagruparse y expandirse. El Cartel de Sinaloa es un chivo expiatorio conveniente. Este cartel opera a nivel internacional y ya es una importante preocupación de seguridad nacional para EE. UU. Al destacar el Cartel de Sinaloa, Petro puede alinearse con los esfuerzos antidrogas de EE. UU. mientras evita el escrutinio del crecimiento del ELN. Sin embargo, el cultivo de coca y la producción de cocaína siguen siendo una gran preocupación para la existencia política de Petro y la asociación de Colombia en la interrupción.
El ELN tiene vínculos políticos e ideológicos con la base de Petro. El grupo tiene vínculos históricos con movimientos marxista-leninistas y comparte similitudes ideológicas con las políticas de izquierda de Petro. Reprimir al ELN alienaría a facciones dentro de su base política y interrumpiría su agenda de negociación de paz. El papel de Venezuela en la protección del ELN es significativo. El régimen de Maduro en Venezuela apoya y alberga activamente al ELN, permitiéndole operar libremente a través de la frontera. Petro mantiene lazos diplomáticos con Maduro, lo que significa que tiene poco incentivo para confrontar las operaciones transfronterizas del ELN.
Chequeo de realidad: El ELN es una amenaza mayor en la región
El ELN ahora controla redes enteras de producción y tráfico de cocaína, trabajando con carteles mexicanos en lugar de solo gravarlos. El grupo también está creciendo en Ecuador, Venezuela y América Central, convirtiéndose en una amenaza transnacional en aumento. Mientras que el Cartel de Sinaloa se centra en el tráfico de drogas, el ELN también se involucra en terrorismo, extorsión e insurgencia política, convirtiéndolo en una amenaza aún mayor a largo plazo para la estabilidad de Colombia.
Conclusión
La situación que involucra a los grupos armados colombianos y los carteles mexicanos es multifacética, impulsada por una combinación de agravios históricos, incentivos económicos, condiciones sociales y realidades geopolíticas. La colaboración entre el Cartel de los Soles y el régimen de Nicolás Maduro con el ELN subraya la compleja interacción del crimen organizado, el poder estatal y la guerra de guerrillas en Colombia y Venezuela. Esta alianza mejora las capacidades operativas del ELN y plantea desafíos significativos para la estabilidad y seguridad regional, contribuyendo a las crisis humanitarias en las áreas afectadas. Abordar estos problemas entrelazados requiere esfuerzos coordinados de actores tanto nacionales como internacionales para desmantelar estas redes y mitigar su impacto en las comunidades locales. Comprender estas dinámicas es crucial para desarrollar estrategias efectivas para combatir el crimen organizado y mejorar la seguridad regional, promoviendo así una paz sostenible en Colombia. Los desafíos que plantean la violencia, el reclutamiento y el gobierno requieren políticas integrales que aborden tanto las necesidades humanitarias inmediatas como los problemas estructurales a largo plazo.
Referencias
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